miércoles, 10 de enero de 2007

La raza humana a veces...

Puede que en ocasiones peque de ingenua, del mismo modo que otras peco de listilla. En ambos casos la cosa está justificada. En el primero porque –generalmente- no me gusta dudar de la bondad ajena; en el segundo porque supongo, cuando alardeo, que estoy en posesión de la verdad.
Con el tiempo he llegado a una conclusión: ni la gente es tan buena como suponía, ni yo tan lista como creía.
Mientras que lo segundo me da un poco igual porque a pesar de todo voy aprendiendo cosas que me enriquecen y pongo en práctica para el propio beneficio intelectual, lo primero me inquieta y me hace perder la fe. Pero no la fe en Dios, en el dios de los cristianos, ese que inventó hace siglos la santísima iglesia católica (que tan buen juego le hace) y que las monjas se encargaron de meterme a barrena. Llevo más de la mitad de mi vida sabiendo que ese dios no existe y por fortuna no arrastro ese temor que suelen tener algunas ex alumnas de colegios religiosos cuando de negar la existencia del “ser supremo” se trata.
Al hablar de fe, me refiero a la fe en la raza humana. No es que yo sea un colmado de virtudes, que no lo soy, tengo mi buena porción de mala leche y a veces condensada. Pero a medida que voy creciendo, no en estatura ni en edad, sino en experiencia, me doy cuenta que las personas no son lo que yo pensaba y a la mínima, te la meten doblada (expresión soez, pero muy gráfica).
No me gusta la gente que te machaca por detrás y por delante te ofrece una sonrisa.
No me gusta la gente que traiciona; me gusta la lealtad.
No me gusta la gente que siente placer cuando ve tropezar a alguien, sea el tropiezo en una piedra, o sea en un escalón de la vida.
No me gusta la gente que con sus labios te adula y con sus ojos te rechaza.
No me gusta la gente que...
Pero sobre todo no me gusta la gente que busca sólo el provecho ajeno. No me gusta la gente ambiciosa. Me dan grima las personas aprovechadas.
Esta mañana he vuelto a ver un episodio que me pone de mal humor cada vez que lo presencio (y ya son muchas veces, muchas, las que he sido testigo casual en el mismo escenario, y en otros).
El hijo, o hija (y yerno o nuera) que están fuera, en otro sitio viviendo y vienen al pueblo a saquear la despensa y la cuenta corriente de sus ancianos padres, le dicen al viejo: firme aquí, abuelo. ¿Pero esto para que es, hijo? Usted firme aquí que está esperando esta chica y tendrá prisa (la chica soy yo). Y el padre firma y el del banco le da un buen fajo de billetes al hijo, o yerno, ante la atenta y ansiosa mirada de la hija, o nuera. E insiste el anciano; ¿pero y eso, hijo? Y urge el que lo indujo a la firma: venga vámonos, que ya en casa se lo explico.
Me quedo mirando al del banco y le pregunto que si esos ataques a mano desarmada no son delito, y el del banco se encoje de hombros y me dice, resignado, que no, porque el titular de la cuenta está en posesión de todas sus facultades.
No digo que la herencia de los padres no corresponda a otros herederos que no fueren sus hijos. Pero si es legada en vida, ha de ser de manera voluntaria y no a punta de bolígrafo.
Existe otra opción, y es pedírselo directamente, porque si los padres no ayudan a los hijos desinteresadamente cuando estos lo necesitan, ¿quién los va a ayudar? ¡Ah!, claro, el banco, pero con un 18% de interés.

8 comentarios:

Arroba dijo...

jo, que escena más triste.
Pero eso no tiene que llevarte a pensar que todos los seres humanos son asi. Por cada escena triste hay otra preciosa que contar.
Mira, a la niñera de mi nieto, que es pobre de solemnidad le han tocado 25 millones ¿sabes lo que ha hecho? repartir un buen montonazo entre la gente que lo necesitaba tanto como ella.
¿que me dices? anda, pon en la balanza lo que te parezca malo que veras como yo pongo tanto bueno.
Y es que estamos muy proporcionaditos en bondad y maldad (adiosgracias) de otro modo no tendría mérito una buena acción. Seríamos bobos de puro buenos.

Angelusa dijo...

Ya lo sé, Arroba, afortunadamente me hago rodear de gente buena. En eso soy yo muy selectiva, eh (te toca un cacho...). Está claro no no estaba generalizando, aunque otra cosa es que no me haya expresado bien.
La cosa es que estaba influenciada por la anécdota y posiblemente no supe separar.
Un besiyo.

juanmi dijo...

crónica en primera persona de un atraco a mano armada con boligrafo mientras tu repasabas tu agenda de gestos...

sinceramente, genial

1 abrazo selectivo
ah
y tu
tambien te mereces un beso
juanmi.

Charles de Batz dijo...

Es triste y humillante para los padres, pero creo que es peor darnos cuenta de cómo episodios semejantes a ese se dan con más frecuencia de la que imaginamos. Se juega con lo más valioso que tiene una persona: con sus sentimientos.
Salud y Fraternidad

nac dijo...

¡Qué gráfica y clarita que es usted!

Por desgracia, estas cosas son normales, pero sólo por lo comunes que son. Si uno no puede confiar en sus hijos, ¿en quién entonces?.
Un besito y tranquila, que hay mucha más gente buena de lo que te parece.

Angelusa dijo...

Juanmi, Muchas gracias, salao, de todas formas, la cosa tiene bemoles, contada no es tan lacerante como vivida. En fin...
Me quedo con el abrazo y el beso, eh. Y te mando, a cambio, un par de besazos sonoros.

Charles de Batz, bienvenido a mí café. Tienes razón, para los padres tiene que ser sobre todo decepcionate, además de humillante.
Tienes una página estupenda, que iré leyendo poco a poco.
dalud y fraternidad para ti también. Y un besito

Nac, bueno... se hace lo que se puede. Sé que hay mucha más gente buena de lo que parece, lo sé y como le dije a tu parienta Arroba, ella y usté son un cacho de ese grupo.
Un besote.

arrobita dijo...

Yo lo que tengo es que soy mu mala.
Pero no porque quiera yo, eh? que yo naci asi.
Cuando llegan las vacaciones me marcho pal pueblo con una furgoneta llena de niños devoradores y no nos vamos hasta que no se acaba la comida.

yo lo puedo hacer... porque soy mu mala.

Angelusa dijo...

Ya, ya, arrobita, pero la diferencia es que a tu madre no hay dios que la haga engañe...