sábado, 5 de marzo de 2011

Persiguiendo cometas


En una de mis escapadas nocturnas a los Cerros de Úbeda se me ocurrió idear a la persona perfecta y no hallé patrón.
Luego convine conmigo misma que la perfección sólo existe en las obras de autor cuando se juntan belleza y armonía y, salvo excepciones, en la Naturaleza. 
Los humanos, por tanto, no gozamos de ese privilegio porque hemos ido destartalándonos genéticamente a través de los siglos.
Quiero decir que para mi una persona perfecta no es precisamente una persona inteligente, rica y guapa, no, no; una persona perfecta sería una persona totalmente libre de mente, sin prejuicios ni reloj. Y juro por todos los moradores del Olimpo que no conozco a nadie que reúna las tres premisas.
Me remito, una vez más, a las tribus ancestrales y lloro en silencio cada vez que en televisión veo a un indígena con un casio o con unos levis strauss.

7 comentarios:

Jorge Arbenz dijo...

Es que la persona perfecta no existe...pero es muy agradable imaginársela o soñar con ella.

Moony-A media luz dijo...

Es para llorar a mares. Nunca se me olvidará la tristeza que me produjo aquella peli de los dioses deben de estar locos.

Un beso graaaaande.

pd.: llega la primavera,igual hasta escribes un poquito más ¿si?

Isabel Romana dijo...

Me consuela saber que, al menos, yo no llevo reloj. Besitos, angelusa.

Mafalda dijo...

Me iba a apuntar como candidata, pero después lo pensé mejor y no, no me presento. Ser perfecta supone demasiado trabajo y además, las premisas de tu perfección no son terrenales. Pero por algo es una utopía, ¿no?
Seguiremos imaginando posibles perfecciones, es un buen ejercicio mental y sale más barato que ir al cine o al teatro.

Miguel Schweiz dijo...

Qué buena eres, me cachis... Siempre he pensado cómo me gustaría tener un libro con tus relatos en la mesa de noche.

Ángelus cada uno es una joyita.

Besosssssss (esas S son viento para ver si al soplar sigues escribiendo estas maravillas. Y también mimosssss.

Angelusa dijo...

Si puediera, ahora mismo os daría un abrazo a los cinco.
Pero vamos a ver, eh,... ¿quien ha dicho que no pueda?

Gracias por venir a mí café.

Anónimo dijo...

yo también quiero un libre de mente, sin prejuicios y sin reloj, creo q no necesitaría nada más, q sería la perfección más elevante. Convirtamonos en lo q queremos atraer y lo atraeremos por la ley de que lo semejante con lo semejante busca juntarse