sábado, 13 de noviembre de 2010

No llores...




Está ausente. La peluquera está ausente mientras me corta el pelo. Temo que me haga un desastre y estoy apunto de llamar su atención, menos mal que se adelanta preguntándome no sé qué de la espuma y contesto con avidez, como si se tratara de la única pregunta posible que un ser humano pueda hacer a otro.
Sospecho que hace poco rato ha estado llorando, tiene los ojillos brillantes y la otra vez que la vi no los tenía así (es la segunda vez que vengo a esta peluquería).
Me da que es mal de amores.
Es muy jovencita y está triste, pero a pesar de eso, de su tristeza y juventud, maneja los trastos con destreza y ya no temo que me meta un mal tajo porque sé que no lo hará. Lo sé porque he visto claramente a través del espejo cómo aleja sus sentimientos del filo de la tijera quizá para no darles un mal corte.
Es buena peluquera, a pesar de su juventud, es buena. Cuando salga he de decírselo a su jefa, pensé. Y así lo hice. Su jefa sonrió, creo que ya lo sabía (anda que como se te vaya…).
Antes de sentarme les dije a ambas lo que quería y lo entendieron perfectamente (me sorprende que esta vez haya sabido explicarme a la primera, normalmente acabo haciendo un croquis de lo que quiero porque cuántas veces ni yo misma lo sé).
_Tienes un pelo bonito –me dijo casi al final.
No supe qué contestar y me salió un “si” tontorrón. Añadió que a ella siempre le ha gustado el pelo rizado y no el que tiene, tan liso que da asco.
Sonreí.
En estos casos una nunca sabe qué decir. A mi me gustaba su pelo porque siempre quise tenerlo liso y no esta maraña que me acosa constantemente.
No estoy muy segura, pero me da que dejé de ir a la otra peluquería porque la chica que me atendía era un lorito que iba contando su vida y milagros y, lo que es peor, las miserias de su marido, hija, suegra y compañeras a todas su clientas sin excepción. Pero con aquella lo tenía fácil, porque desconectaba y sólo respondía con una sonrisa de esas falsas falsas que valen igual para un sí, que para un no, que para un fíjatequécosas.
Lo que menos me gusta de las peluqueras es que me agarren por las orejas con la palma de las manos y me pongan la cabeza derecha. ¡Por qué no lo dicen y ya lo hago yo, que sé!
Esta chiquita en ningún momento ahuecó sus manos para enderezarme, es verdad, no lo hizo y es de agradecer. Y encima me dejó guapa, que no es tarea nada fácil, pero… estaba triste cuando llegué y al marcharme los ojillos seguían brillándole.

8 comentarios:

Moony-A media luz dijo...

Las lágrimas son parte de la propia vida. No se pueden evitar, y, tú, ya lo sabes.
Y, yo, también lo sé.

:)

Un besazo.

Caminante dijo...

Mal de amores. Gente hay que no quiere padecerlos, para no sufrir no se enamoran. Suena triste, aburrido, monótono.
La cuestión, difícil, es que no consigan arrumbarte, al menos no demasiado como para no levantar cabeza.
Un placer verte por mi página ¡claro que sí!
Un abrazo y... No estuve en la sierra de la Culebra pero quizás esté algún día.
PAQUITA

Anónimo dijo...

Real. Como la vida misma.

Un abrazo

Leí tu comentario. Eso. Para que conste.

Tain

Anónimo dijo...

Perdón...

Talin

Mafalda dijo...

Es lo que tiene ser buen profesional, que a pesar de que el sentimiento esté desgarrado, se pueda realizar a la perfección el trabajo que se tiene entre manos. Y fundamentalmente, creo, porque se tiene un profundo respeto por los demás, se sobrepone al propio pensamiento y se dice a uno mismo que los que auno le afecto no puede dirimir en un perjuicio a los otros. Así de simple y así de difícil.
Creo que eso es lo que tú querías expresar al hablar de que era una buena peluquera y que debía decírselo a su jefa.
Y siempre me encanta leer la sencillez de tus textos que puede resultar tan complicados y difíciles en el fondo.
Un besote grande.

Isabel Romana dijo...

Sí, sí, seguro que es mal de amores. ¿Y crees también que sea atribuible a ese estado de ánimo el que te acertaran de lleno en el peinado? Porque mira que es difícil...
Bueno, angelusa, el libro lleva ya un año en las librerías, pero aún sigo presentándolo y tratándo de darle difusión. Te mando este enlace donde vienen los distribuidores (para que puedas decirlo en tu librería) http://esediciones.com/info/article/distribuidores. Si aún así lo tienes difícil, puedes pedirlo por internet, tanto en la Casa del Libro como en la propia editorial. Hasta ahora en España no ha habido problemas para conseguirlo.
¡Y me da pena que no figures en el listado de personajes con nombre y apellidos, pero como no me respondiste...! Un besazo enorme. No dejes de visitarme.

isabel rural dijo...

me gusta comprobar que ante un hecho tan cotidiano y ¿vanal? uno puede reflexionar y olvidarse de su coquetería para preocuparse del ser humano que está procurando abstraerse de su realidad para ser lo más profesional posible. Creo que eres tú de los poquitísimos que teneis ese don y me enorgullece

Senior Citizen dijo...

Mientras oigo a Carlos Gardel de fondo, pienso en lo lejos que tengo los males de amores tal y como se entienden, y lo cerca que están otros males que también son de amores, pues sin amor de algún tipo la vida no puede vivirse.