viernes, 7 de septiembre de 2007

Dulce erotismo

Foto: Estación de Medina del Campo (Valladolid)

Sucumbí, sin remedio, a la tentación.
No quería hacerlo; llevaba varias semanas negándome a esa posibilidad sin embargo… al final pudo más en mí la lujuria que el sentido común que debe imperar ante un acto que, a fuerza de ser inconveniente, debí haberlo contemplado como necesario para el correcto funcionamiento de mi salud y mi conciencia.
Llevaba varios días provocándome, y yo procuraba en todo momento no darme por aludida; evitaba cualquier contacto visual con él precisamente porque sabía que si volvíamos a mirarnos, intimaríamos y yo acabaría rindiéndome. La carne (¡mí carne!) es tan débil…
Puesto que desde hacía algunas lunas cohabitábamos en la misma casa, decidí que su lugar en ella fuera lo más lejos posible del mío. Alguna vez incluso pensé en desahuciarlo, pero no tuve valor suficiente. Al acercarme dónde se encontraba, me faltaba decisión para actuar con la naturalidad que se le supone a una mujer que hace algo más de diez años rebasó la treintena y, con disimulo, para que no se me notara mucho, cogía, por ejemplo (qué solmené tontería), una manzana a la que paseaba por mis manos en un torpe intento de emular a los acróbatas de circo mientras emitía unos silbiditos que eran nada más que aire (nunca aprendí a silbar en condiciones, me da una rabia).
Así estuve casi dos meses, evitando cualquier roce carnal. Pero es que… él... me provocaba cada vez que cruzábamos la mirada. La verdad es que de alguna manera yo sentía esa necesidad, una necesidad que extralimitaba los líndes de lo físico.
Al final, esta tarde no pude por menos y lo tomé entre mis manos, con ansiedad lo despojé de su envoltorio rojo y lo mordí con deleite. Dejé que entrara en mí su esencia y, lejos de resistirme, entregué mi cuerpo y mi alma al pernicioso y, sin embargo, placentero acto.
Cerré los ojos y una dulce sensación hipotecó mi mente.
Volví a abrirlos: casi sin enterarme había engullido, de una sentada, media tableta chocolate nestlé. A partir de ese instante, los engranajes de mi conciencia empezaron a chirriar en connivencia con el factor de mi organismo que rechaza el manjar y las orondas calorías que empezaban a tomar posesión de sus dominios dentro de la ya de por sí rolliza estructura abdominal que poseo.
Y ahora me siento como si estuviera en medio de la vía, tentando la suerte, aún a sabiendas que el tren no se detendrá y la única opción sensata hubiera sido ponerme a salvo en el andén, como aquella vez de la foto que ilustra esta confesión.
Me dijo la alergóloga que el chocolate me provocaba alergia pero aún así llevé una tableta de tan sutil manjar para casa, más que nada por… si subía algún niño. Pero es que resulta que ahora a los niños ya no les gusta el chocolate tanto como nos gustaba a los de mi generación. Y de verdad que hubiera sido una pena dejar que se pusiera rancio.
Qué los dioses sepan comprenderme.
Total que ahora me toca rezar esa oración que hace años pulula por Internet: “Señor, si no puedes hacer que adelgace, haz que engorden todas mis amigas. Amén”. Y bueno, para compensar, tendré que buscar otra jaculatoria que disculpe mi falta de sentido común ante la desobediencia de una prescripción facultativa.

18 comentarios:

Júcaro dijo...

Angelusa

¡Qué enorme alegría me has dado!
Saber que vuelves después de esas maravillosas “Pinceladas” es un motivo de alegría. En uno de mis últimos post mostraba mi preocupación porque, al igual que Gemma Ferré con su Diario Bilingüe o Jovekovic con sus Días como todos, desaparecieras sin dejarnos noticias.

Vuelves; y lo haces con puro deleite.

¡¡Un montón de besos!!

rythmduel dijo...

Besos de otro chocolatero confeso. Sólo una férrea autodisciplina me salva de la adicción. Sin embargo, tengo siempre bien provista la nevera con un par de tabletas negras, de esas que poseen un 70% de cacao. Yum.

Isabel Romana dijo...

Un pecadillo tan dulce no necesita penitencia. Lo peor es que lo hayas contado, porque me han entrado unas ganas tremendas de hacer yo lo mismo. Pero claro, ¿que gracia tendría callárselo? ¡Ay, pecadora!, veo que no estás arrepentida, sino que encima haces apología...
Me da mucha alegría que hayas regresado al mundo bloggero, te he echado muchísimo de menos. Estos días estoy (de nuevo) con problemas de internet, de modo que me encuentro casi a punto de convertirme en una asesina en serie. En el punto de mira tengo a toda la plantilla de telefónica... Ahora estoy de prestado, pero no quería dejar de venir a verte. Un besazo, guapa.

Jovekovic dijo...

Muy bien Angelusa, creo que lo tuyo se llama "El triunfo de la voluntad" o algo así jajajaja!!

Saludos desde mis 97 kilos de voluntad de hierro...

Desperate dijo...

ja ja ja ja ja ja ja ja ja me parto, ¡porque me pasó lo mismo esta semana! una de mis cuñadas me trajo de Suiza chocolate negro con naranja mi tremenda debilidad... dios, ayer sucumbí vilmente, ja ja ja

Kurtz dijo...

Muy bueno, jajajaja.
Creo que los dioses te comprenderán, son más comprensivos de lo que nos quieren hacer creer.
Saludos.

Arthur dijo...

Es que el chocolate sí tiene muchas calorías, si caés en la tentación, mejor andáte a mi cocina que tengo una receta que también está para chuparse los dedos y no engorda.

Y sobre tu post anterior, si por allá será otoño, acá será primavera, extrañaré el invierno, jugar en la nieve y los paisajes en tonos blancos y pálidos de por acá.

Saludotes, abrazotes y besotes

Sweet Dreams, de todo Corazón:
Arthur

P.S. Que bueno que regresaste, creía que nunca más iba a volver a verte.

Gusthav dijo...

Angelusa, que alegría volver a verte, yo pensaba que que te ibas tener tu libreta abandonada por siempre, siento que he recuperado a una vieja amiga (lo digo por el tiempo que pasó y porque fuiste de las primeras en leer mi libreta).

El chocolate es sabroso, qué importa si engorda y tiene muchas calorías, si sos feliz comiendo chocolate, entonces andá a disfrutarlo, mmmm.

Y de tu anterior post, pues sí, extrañaré el frío del invierno, pero la primavera es la que da paso al verano, uy!

Saludos, abrazos y besos de bienvenida

Nice Day, con toda mi Alma:
Gusthav

Jean Bedel dijo...

Me alegro que vuelvas a escribir Angelusita, te echabamos de menos. Te saco del Cementerio Blogueril y volveré a rondar tu casa cibernética. Abrazos.

Llanos dijo...

Un placer leerte Gelusilla, como siempre.

Un besote.

Talín dijo...

Así, así, con la fuerza de la ambigüedad. Con la fuerte ambigüedad de un deseo insatisfecho, satisfaciéndolo con la fuerza de la palabra.
Salud y República... Popular Federativa

anatema dijo...
Este comentario ha sido eliminado por el autor.
anatema dijo...

Hola Angelusa. Me alegro mucho que hayas vuelto. El relato es de lo más sustancioso. Tienes habilidad...

Puedes engullir todo el chocolate que quieras. Es energético, afrodisíaco y mitiga la ansiedad.

Un beso.

Júlia dijo...

Bien recuperada seas, creía que habías 'abandonado'. Siempre hay que transgredir y arriesgarse, además, sin culpa, a menudo, no hay placer o el placer resulta mucho más domesticado.

Miguel Schweiz dijo...

Hala Angelus, que te tenía mal apuntada en el feevy y como siempre estabas al final pensé que ná, que todavía no te habías decidido... Ole chiquilla. Ya repuesta y sin que sobre ningún tornillo. Y con el chocolate prohibido... no te digo yo.
Besoles :)

Ruth dijo...

Chocolate... Mmmmmmmmm.
Feliz retorno!

Charles de Batz dijo...

Yo también me confieso totalmente adicto a la tableta de chocolate, y si es negro sin leche mej0or que mejor. Al fin y al cabo, es de lo poco que nos queda una vez que tuvimos que dejar la Nocilla por las cosas esas de que duraba en casa menos de una hora... !qué le vamos a hacer!.

Salud

Arroba dijo...

Recien llegada a la blogsfera y me encanta encontrarte aquí de nuevo, entregada por completo a lo que más te gusta: escribir y el chocolate.
El primero no supone esfuerzo para tí, pero con el segundo sí deberías esforzarte tontita, que lo estabas consiguiendo.
Me alegro mucho de volver a leeros a tod@s en este café-bar tan especial
Saludos